¿Cómo es una ciudad «inteligente»?

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Responder a las necesidades de sus habitantes, garantizar su bienestar y su seguridad, al tiempo que se preservan los recursos y el medio ambiente y se mantiene su sostenibilidad económica: ese es el reto de las ciudades del futuro. Apoyándose en la tecnología y en sus habitantes, la nueva ciudad «inteligente» crea servicios, optimiza, facilita, organiza, se anticipa, se adapta, personaliza… Presentación de un modelo urbano en pleno desarrollo.

POR EL Renault Group

¿Qué es una ciudad inteligente?

En esencia, una ciudad inteligente —traducción del concepto anglosajón «smart city»— es una ciudad que se basa en la recopilación y el uso de datos para optimizar su organización y gestión. Mediante sensores, la ciudad analiza los comportamientos y hábitos de sus habitantes con el fin de proporcionarles, en tiempo real, una mejor información y una mejor oferta de servicios, al tiempo que ahorra recursos de forma más eficiente. Esta «inteligencia» abarca numerosos ámbitos, como el transporte (tráfico, aparcamiento, etc.), el suministro de electricidad y agua, la recogida de basuras, etc. En el caso de los residuos, por ejemplo, unos contenedores conectados miden su nivel de llenado y activan la señal de recogida cuando están llenos. Esto permite optimizar el tráfico de los camiones de basura (ruido, contaminación, atascos), evitar que se depositen residuos junto a los contenedores llenos y, además, planificar mejor la ubicación de los contenedores en función de las necesidades.

Desde hace unos años se ha desarrollado, en paralelo, el concepto de ciudad resiliente, una ciudad capaz de adaptarse a los distintos riesgos, crisis y acontecimientos, con el fin de limitar su impacto negativo. Este concepto, más global, no se limita al tratamiento de la información, sino que integra una dimensión social que sitúa a sus habitantes en el centro del proyecto. En un principio, ambos conceptos no abordan exactamente los mismos retos; sin embargo, coinciden en su objetivo de crear una ciudad sostenible e implican una evolución de esta última en cuanto a su estructura y su funcionamiento para lograr una mayor flexibilidad.

El contexto de la ciudad inteligente

En primer lugar, la elevada concentración de población: hoy en día, más de la mitad de la población vive en ciudades. De aquí a 2050, se prevé que esta proporción aumente hasta los dos tercios. En segundo lugar, las ciudades consumen mucha energía. Aunque solo representan el 2 % de la superficie del planeta, consumen el 75 % de la energía producida y son responsables del 80 % de las emisiones de CO₂. Por lo tanto, la transición y la lucha contra el calentamiento global pasarán, inevitablemente, por una transformación de las ciudades. El concepto de «ciudad inteligente» va en esta dirección.

Las características de la ciudad inteligente

La Unión Europea se inspira en la visión de Rudolf Giffinger, experto en investigación analítica sobre desarrollo urbano y regional de la Universidad Tecnológica de Viena y referente en la materia, cuyos trabajos indican que una ciudad inteligente debe destacar en seis ámbitos.

Una economía inteligente

Se trata de la competitividad económica de la ciudad. Esta se mide a través de factores como la innovación, el espíritu emprendedor, la productividad, la flexibilidad del mercado laboral o la integración en los mercados nacional e internacional.

Ciudadanos inteligentes

En otras palabras, el capital humano y social de la ciudad. Se trata, por supuesto, del nivel de cualificación de la población, pero también de su pluralidad, su mentalidad abierta, su creatividad, la calidad de las interacciones sociales o la participación en la vida pública.

Una gobernanza inteligente

Es decir, un modelo de gestión municipal transparente, transversal —y compartido— que integre la participación ciudadana.

Movilidad inteligente

Giffinger hace hincapié en la accesibilidad local e internacional de la ciudad, en la existencia de infraestructuras conectadas que aprovechan las TIC (tecnologías de la información y la comunicación) y en sistemas de transporte innovadores, sostenibles y seguros.

Un entorno inteligente

Aquí hablamos de ecología y gestión de los recursos. La ciudad inteligente debe promover un entorno de calidad (espacios verdes, calidad del aire), gestionar sus recursos de forma sostenible y trabajar en pro de la protección del medio ambiente. Los barrios ecológicos son ejemplos concretos de un entorno gestionado de forma inteligente.

Un estilo de vida inteligente

Abarca factores relacionados con la calidad de vida: cultura, salud, seguridad, vivienda, educación, turismo, cohesión social, etc.

Los datos abiertos al servicio de las ciudades inteligentes

Recopilar una gran cantidad de datos por toda la ciudad y en todos los ámbitos está muy bien, pero poder cruzarlos entre sí para crear servicios innovadores es aún mejor. El Open Data —al ofrecer datos accesibles, compartibles y utilizables por todos— permite la interoperabilidad, es decir, la posibilidad de que diferentes sistemas o empresas funcionen juntos combinando sus datos. Se trata, por tanto, de un principio —opuesto al funcionamiento en silos— esencial para el desarrollo de la ciudad inteligente, que beneficia tanto a los actores públicos como a los privados.

En el ámbito de la movilidad, por ejemplo, la puesta a disposición de determinados datos por parte de los operadores de servicios de movilidad, tal y como prevé un reglamento europeo o la ley francesa sobre movilidad, contribuye a facilitar la organización de los desplazamientos multimodales. Estos datos recopilados ofrecen una visión clara de la oferta de transporte disponible en un momento dado, con el objetivo, para los operadores implicados, de responder mejor a las necesidades de los usuarios. Por lo tanto, los datos abiertos (Open Data) resultan imprescindibles para los proyectos de MaaS (Mobility as a Service o «movilidad como servicio» en español) tan importantes para la ciudad sostenible, como Jelbi en Berlín, MaaS Madrid en España o WienMobil en Viena.

Dos ejemplos de ciudades inteligentes en Europa

Aunque hoy en día no existe ninguna ciudad totalmente inteligente, varias están avanzando en esa dirección con iniciativas de mayor o menor envergadura, entre ellas, Barcelona y Viena.

Barcelona, una ciudad inteligente modelo

La capital catalana es un referente en el ámbito de las ciudades inteligentes, gracias a la integración de sensores inteligentes en numerosos ámbitos, como el aparcamiento, la recogida de residuos, el alumbrado público, el riego de las zonas verdes o la calidad del aire.

En cuanto al aparcamiento, unos sensores permiten a los conductores conocer, en tiempo real, la disponibilidad de plazas para evitar dar vueltas en círculo innecesariamente. Esto reduce los atascos y, además, ahorra un tiempo muy valioso. También hay sensores para medir el caudal de las aguas pluviales, el índice de humedad (del aire y del suelo), el viento, la insolación y la presión atmosférica, con el fin de ajustar el riego de los parques públicos; para evaluar el nivel de llenado de los contenedores de basura y lograr una recogida más eficaz, así como para medir el ruido, la contaminación atmosférica, la temperatura, la luminosidad, etc. Quizá no sea casualidad que la ciudad acoja cada año, desde 2011, el Smart City Expo World Congress, la feria de referencia sobre ciudades inteligentes.

¿Viena, la ciudad más inteligente del mundo?

Consciente del impacto medioambiental de las ciudades y del papel que deben desempeñar para un futuro sostenible, Viena ha elaborado un plan estratégico, «Smart City Wien», con objetivos hasta el año 2050 para seguir garantizando a sus habitantes una de las mejores calidades de vida del mundo, al tiempo que se preservan los recursos.

Esta ambición abarca todos los ámbitos: el trabajo, el ocio, la educación, la salud, la movilidad, las infraestructuras, la energía y todos los aspectos del desarrollo urbano. Para lograrlo, se basa en una visión holística que integra al ser humano y la tecnología con el fin de innovar.

Por ejemplo, para alcanzar su objetivo del 40 % de energías renovables de aquí a 2030, la ciudad ofrece a sus ciudadanos la posibilidad de convertirse en copropietarios de paneles solares gestionados por Wien Energie. Cada año reciben una pequeña ganancia en función de la cantidad invertida y pueden, en cualquier momento, revender sus participaciones al precio de compra. Desde 2012, más de 6.000 vieneses se han sumado a este programa. En cuanto a la movilidad, los habitantes de Viena pueden recurrir a las «Grätzlard» como alternativa al coche cuando necesitan combinar capacidad de carga y desplazamiento. Estas bicicletas de carga, propiedad de restaurantes, tiendas o empresas que las utilizan para realizar entregas o transportar cargas pesadas, se prestan gratuitamente a la población según sus necesidades. Basta con presentar un documento de identidad y dejar un depósito. Algunas incluso están equipadas para transportar niños. Actualmente hay cerca de un centenar de proyectos en marcha para alcanzar este objetivo de ciudad inteligente.

Entre las ciudades que destacan por su desarrollo inteligente se encuentran también Estocolmo, Copenhague, Lyon (con el eco-barrio de la Confluence), Oslo, Londres, Helsinki, Ámsterdam y París.

La ciudad inteligente y la ciudad sostenible

Los conceptos de ciudad sostenible y ciudad inteligente pueden confundirse. Aunque, en teoría, una ciudad sostenible no tiene por qué ser inteligente, en la práctica se observa que la inteligencia de la ciudad le permite perseguir y alcanzar sus objetivos de sostenibilidad en los tres ámbitos que la conforman: económico, social y medioambiental. Y es que el ecosistema de la ciudad inteligente, al optimizar los costes, los recursos y la gestión de los servicios, persigue los mismos objetivos.

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