La entrega de última milla en 4 preguntas
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Como solución de movilidad compartida para mercancías, la entrega a domicilio ofrece una doble ventaja, especialmente en las zonas urbanas: libera al cliente, que ya no tiene que desplazarse para disfrutar de sus compras, y libera los centros urbanos del tráfico de vehículos particulares. Entre el aumento de la demanda y las normativas municipales más estrictas, la entrega de última milla está evolucionando para dar ejemplo de una movilidad más limpia. Repaso general de un reto cada vez mayor para las empresas y las ciudades.
¿En qué consiste la denominada «entrega de última milla»?
La entrega denominada «de la última milla » es el último eslabón de la cadena logística que garantiza la entrega de las mercancías a su destinatario final: una tienda, un restaurante, una oficina o, simplemente, a domicilio. Se trata de una etapa especialmente delicada del proceso, ya que depende de varios factores: el tráfico rodado, los medios de transporte en el centro de la ciudad o incluso la disponibilidad del cliente para recibir el paquete cuando se trata de un particular. La entrega es, al mismo tiempo, un criterio importante a la hora de realizar una compra por Internet y una fuente de insatisfacción para más de dos tercios de los clientes.
Con el auge de las compras en línea (sobre todo en los sectores de la moda, los productos culturales, los productos electrónicos y electrodomésticos, belleza/salud y alimentación) y una presión cada vez mayor por parte de los clientes en cuanto a los plazos de entrega exprés (entrega el mismo día, en 24 o 48 horas), la entrega se sitúa, por tanto, en el centro de las estrategias de numerosas empresas, pero también en el centro de las preocupaciones de muchos ayuntamientos.
Para un fabricante de automóviles como Renault, cerca del 30 % de los vehículos comerciales se destinan a la entrega. Aproximadamente un tercio de ellos se dedican a la entrega de compras en línea a particulares.
¿Cuánto cuesta la entrega de última milla?
La última etapa del proceso de entrega representa una quinta parte del coste total de la cadena logística. Se trata de un sobrecoste importante que tiene su origen en un modo de entrega «personalizada» a domicilio o en puntos de recogida, que suele realizarse mediante un vehículo de combustión.
En un contexto de crecimiento del comercio electrónico (o «comercio por Internet»), el recurso a soluciones de reparto de proximidad seguirá aumentando en los próximos años. Sin embargo, el reparto urbano, que en la actualidad se realiza principalmente con vehículos de combustión, representa aproximadamente el 20 % del tráfico y el 30 % de las emisiones de gases de efecto invernadero en las ciudades. En el marco de una política de movilidad sostenible, la sensibilización de los actores del sector de las entregas se convierte, por tanto, en un reto fundamental. La conversión de su flota de vehículos en vehículos limpios o de bajas emisiones es una de las claves para reducir drásticamente la contaminación atmosférica de las ciudades. Y el desarrollo de las entregas urbanas eléctricas, sin emisiones de escape, será aún más beneficioso, ya que podrá sustituir algunos desplazamientos individuales.
La última milla: ¿qué está en juego en el acceso a los centros urbanos?
Con el fin de mejorar las condiciones de vida de sus habitantes, los ayuntamientos están tomando medidas mediante la creación de zonas de bajas emisiones (ZBE), en las que se limita o prohíbe el acceso a los vehículos más contaminantes. Esta medida se puso en marcha en Suecia en 1996 y, desde entonces, se ha extendido por toda Europa, donde hay nada menos que 231 ZFE en 13 países.
En Estrasburgo, al este de Francia, por ejemplo, los vehículos comerciales solo pueden circular y detenerse en la zona del hipercentro entre las 6:00 y las 10:30, mientras que los híbridos, los de gas natural y los eléctricos tienen permiso hasta las 11:30. La ciudad se ha fijado el objetivo de que el 100 % de las entregas se realicen con vehículos de bajas emisiones de aquí a 2022.
La normativa varía según los países y las zonas. En Italia, la prohibición puede extenderse incluso a los vehículos de dos ruedas. Algunas ciudades, como Londres y Milán, han optado por complementar esta medida con un impuesto a través de un peaje urbano.
¿Qué futuro le espera a la entrega de última milla?
Más práctica, más cómoda, más eficiente y cada vez más valorada por los clientes, la importancia de una entrega eficaz no deja de crecer. Sobre todo teniendo en cuenta que la tasa de propiedad de vehículos particulares en los grandes núcleos urbanos, que ya es más baja, lleva varios años en descenso. La movilidad eléctrica permite conciliar las exigencias de los clientes con las normas medioambientales. Resulta especialmente adecuada para las distancias cortas de las entregas urbanas, cuyo promedio es de 50 km al día.
El Renault Group, pionero y líder en vehículos eléctricos en Europa, ofrece actualmente una gama de cuatro vehículos con diferentes capacidades de carga para responder a esta necesidad. Las entregas en ciudad ahora también se realizan en bicicleta o en triciclos eléctricos. De cara al futuro, ¿por qué no imaginar, como complemento, medios de transporte autónomos como los droides o los drones, que ya se están probando en China, o vehículos inspirados en el concepto EZ-PRO de Renault para los paquetes más voluminosos?
La cuestión del transporte de mercancías urbano ocupa, por tanto, un lugar central en la movilidad sostenible del futuro. Al igual que en el caso de la movilidad de las personas, el vehículo eléctrico será sin duda uno de los pilares fundamentales.