«El placer de conducir a la velocidad de la electricidad»
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Conducir un coche 100 % eléctrico ofrece una experiencia muy especial, que no hace más que mejorar a medida que los motores evolucionan. David Mazuir, jefe de proyecto del motor eléctrico que equipa el ZOE, nos explica por qué y cómo.
POR EL Renault Group
¿En qué medida el nuevo motor R110, diseñado y fabricado por Renault para el ZOE, mejora aún más el placer de conducción?
El ZOE ha experimentado una importante evolución con la llegada de la batería Z.E. 40 y su autonomía duplicada. Aunque el coche sigue siendo muy adecuado para entornos urbanos y periurbanos, el aumento de la capacidad de la batería ofrece la posibilidad de llegar más lejos, por ejemplo, circulando por vías rápidas, en las que es necesario poder incorporarse con comodidad. Por ello, nos hemos puesto a trabajar en el motor para aumentar la potencia disponible y ofrecer una mejor aceleración. Con el R110, que gana 12 kW, ahora se tarda 2 segundos menos en pasar de 80 a 120 km/h: esto supone una auténtica garantía de placer y seguridad para el conductor.
A menudo se alaba el placer de conducir un coche eléctrico. ¿Cuáles crees que son los aspectos clave?
En primer lugar, ¡el silencio! Esa es la primera impresión que nos dan todos aquellos que se suben a un coche eléctrico por primera vez. Lo segundo es la agilidad, sobre todo en ciudad. Por último, diría que la sencillez: se conduce con naturalidad, sin sacudidas y, por supuesto, sin tener que cambiar de marcha.
Si lo comparamos con el motor térmico, ¿a qué se deben esa agilidad y esa sencillez?
Con un motor eléctrico, al pisar el acelerador, el par está disponible de inmediato. Digamos que, mientras que un motor de combustión genera el par a la velocidad del aire, aquí lo hacemos a la velocidad de la electricidad… ¡es decir, a la velocidad de la luz! Eso es lo que aporta esa agilidad que se nota de inmediato al ponerse al volante de un vehículo eléctrico.
La simplicidad, por su parte, radica en que el motor acciona directamente la rueda. Con un motor térmico, se necesita un embrague para evitar que el motor se cale cuando las ruedas están paradas y para cambiar de marcha. Nada de eso ocurre con un motor eléctrico: una sola relación de transmisión —lo que se conoce como «reductor»— y sin embrague. Un pedal de acelerador para avanzar, un pedal de freno para reducir la velocidad y detenerse, ¡qué más sencillo puede haber!
Las competencias de Renault son, tradicionalmente, las propias de un fabricante de motores térmicos. ¿Cómo se llega a ser especialista en motores eléctricos?
Renault es un fabricante de automóviles que siempre ha destacado su experiencia en el ámbito de la ingeniería de motores, pero hasta ahora, efectivamente, se hablaba de motores térmicos. Por eso, tuvimos que replantearnos las cosas. Hemos aprendido a dominar tecnologías y hemos adquirido competencias diferentes a las que estábamos acostumbrados con los motores térmicos y las cajas de cambios, tanto en el ámbito de la electrotécnica como en el de la electrónica de potencia.
Además, apostamos por un proceso de mejora continua, tanto en lo que respecta a nuestros productos como a nuestros conocimientos técnicos. Esto es importante en el ámbito de la movilidad eléctrica, ya que se trata de un sector en pleno desarrollo, con un potencial inmenso.
Ya en 2013 teníamos la ambición de lanzar nuestro propio motor eléctrico. ¡Lo conseguimos en 2015! Desde entonces, no hemos dejado de avanzar. Al motor R75 le sucedió el R90, al que se sumó posteriormente el R110. Ofrecen una amplia gama de potencias… y siempre con la misma exigencia de compacidad y peso reducido. Como podéis ver, ¡estamos orgullosos de que lleven la inicial «R» de «Renault»! Todos ellos son motores 100 % Renault, diseñados y fabricados en Francia. Esta maestría pone de manifiesto un rápido aumento de la competencia, que no ha hecho más que empezar.
