La historia de los primeros coches eléctricos

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La movilidad sostenible y los coches eléctricos forman parte de nuestro día a día y, más que nunca, de nuestro futuro… pero el coche eléctrico ya causaba sensación hace 138 años. ¡Echemos un vistazo a su historia!

1881. La primera exposición internacional de electricidad abre sus puertas en el Palacio de la Industria de París. Junto al teléfono de Bell y las bombillas de Edison, ¡el primer coche eléctrico causó sensación!

Gustave Trouvé, inventor del primer coche eléctrico de la historia

El primer coche eléctrico fue construido por el ingeniero Gustave Trouvé. Este prolífico inventor francés, que destacó por sus trabajos sobre los medios de comunicación y la movilidad eléctrica, demostró las ventajas de la energía limpia y renovable frente al vapor y al incipiente motor de combustión, que ya se consideraban «sucios y ruidosos». Inspirándose en los trabajos del escocés R. Anderson y del estadounidense T. Davenport sobre un motor eléctrico para vehículos, Gustave Trouvé adaptó un motor Siemens a un triciclo Coventry.
Por primera vez en la historia de la movilidad, el vehículo se alimenta con baterías recargables. Inventadas en 1859 por Gustave Planté, las baterías recargables ofrecen además una mayor autonomía. Una ventaja importante para el desarrollo y la producción en serie de los futuros coches eléctricos.

El primer coche eléctrico que supera los 100 km/h

El invento de Trouvé inspiró la creación de nuevos vehículos. Así comenzó la gran aventura tecnológica y ecológica de los coches eléctricos, dos años antes de la aparición del primer automóvil con motor de combustión.
En 1899, el belga Camille Jenatzy hizo historia en el mundo del automóvil con su modelo eléctrico bautizado como «Jamais contente», ¡el primer automóvil en superar los 100 km/h!
A principios del siglo XX, los vehículos eléctricos representaban un tercio del mercado mundial del automóvil. Las empresas y las administraciones ya eran importantes usuarios de los mismos. Otra innovación: en 1911, la empresa estadounidense Detroit Electric adapta nuevas baterías a sus vehículos, lo que les proporciona una autonomía de 130 km. Sin embargo, la producción en cadena de los coches de combustión, su bajo precio de venta, la gasolina barata y, posteriormente, la Primera Guerra Mundial, frenarán la expansión de los vehículos eléctricos.

Los primeros coches eléctricos de Renault

Durante los años 1920-1930, la producción de vehículos eléctricos se centró principalmente en los vehículos comerciales (furgonetas, camiones, trolebuses…). Ya en 1937, Renault se interesó por la «electricidad» y fabricó, basándose en su Celtaquatre, 35 taxis destinados a la Exposición Universal de París. El comienzo de una gran aventura que se vio interrumpida por la Segunda Guerra Mundial, periodo durante el cual el estudio y la fabricación de vehículos eléctricos volverían a cobrar protagonismo debido a las restricciones de combustible.

Habrá que esperar hasta 1959 para que Renault retome el mundo de los vehículos de «cero emisiones»* gracias al Henney Kilowatt, desarrollado a partir de un Renault Dauphine. Destinado al mercado estadounidense y considerado el primer coche eléctrico moderno, este modelo relanza los proyectos de movilidad económica y ecológica en Renault. Ante los problemas de contaminación, planteados desde finales de la década de 1960, y tras la crisis del petróleo de 1973, Renault se volcó en el desarrollo de coches limpios, diseñando sus primeros utilitarios eléctricos basados en los modelos R4 y R5.

Otro hito importante: los años noventa quedaron marcados por el prototipo urbano Zoom y la fabricación de cientos de Clio eléctricos. Dignos precursores del Twizy y el ZOE, estos coches eléctricos dan fe del carácter vanguardista, la voluntad y la perseverancia de Renault a la hora de innovar y construir un futuro para la electromovilidad.
Una iniciativa que se ha materializado desde 2012 con el lanzamiento de cuatro vehículos eléctricos asequibles, reflejo de una estrategia orientada a la electromovilidad desde hace 10 años, recompensada hoy por su liderazgo europeo.

* Sin emisiones de CO₂ ni de contaminantes atmosféricos regulados durante la conducción, salvo las piezas de desgaste.