¿Qué es la red inteligente?

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¿Y si las redes energéticas se volvieran inteligentes? La red inteligente (smart grid) aprovecha las tecnologías de la información para optimizar de forma continua los parámetros de funcionamiento de la red eléctrica y permitir que los consumidores pasen a ser protagonistas. De este modo, da respuesta a retos tanto medioambientales como sociales y económicos.

POR EL Renault Group

¿Cómo hacer que la producción de electricidad coincida con las necesidades reales de los consumidores? Esa es una de las metas de la «red eléctrica inteligente» (smart grid), un concepto que parte del principio de que se puede optimizar la producción y la distribución de un recurso midiendo con precisión cómo se consume.

Red inteligente: el principio

Por definición, la electricidad es difícil de almacenar en grandes cantidades. Por lo tanto, este equilibrio debe mantenerse de forma constante y lo más cercana posible al tiempo real. Cuando la producción no es suficiente, una parte de la red deja de recibir suministro; pero si ocurre lo contrario, la energía producida en exceso se pierde en su mayor parte.

La red inteligente es la respuesta tecnológica a este problema. Utiliza una amplia gama de herramientas conectadas que se encargan de ajustar la oferta a la demanda con la mayor precisión posible. Para lograrlo, la red eléctrica se apoya en sensores, encargados de medir y observar en tiempo real el consumo, pero también en complejos algoritmos informáticos, capaces de analizar los datos a gran escala para anticipar las variaciones y prevenir las perturbaciones que puedan afectar al suministro.

Por lo tanto, ya ha quedado atrás la época en la que se podía considerar la red eléctrica como una infraestructura de transporte unidireccional: a partir de ahora, cada uno de los eslabones de la cadena participa en esta misión de equilibrio, transmitiendo información sobre su estado y su consumo al productor de energía.

Una herramienta al servicio de la transición energética

La red inteligente resulta ser una herramienta muy valiosa para el proveedor de energía. Gracias a esta inteligencia, optimiza la gestión de su red, reduce las pérdidas y se prepara para los picos de consumo, pero no solo eso.

La red inteligente resulta ser una herramienta muy valiosa para el proveedor de energía. Gracias a esta inteligencia, optimiza la gestión de su red, reduce las pérdidas y se prepara para los picos de consumo.

Cuando la electricidad procede de una única central, resulta bastante fácil aumentar o reducir el volumen de producción para adaptarse a las necesidades de consumo. Sin embargo, la ecuación se complica considerablemente cuando hay que tener en cuenta fuentes de energía cuyo carácter intermitente provoca inestabilidades en la red. La inteligencia se pone aquí al servicio de la máxima integración de las fuentes de energía renovables. De este modo, permite dar prioridad a la producción de electricidad con bajas emisiones de carbono, en consonancia con los objetivos de la transición energética.

La llegada de la red inteligente también abre nuevas perspectivas para el usuario final, que ahora puede consultar día a día y con todo detalle su consumo eléctrico a través de su contador inteligente. En lugar de conformarse con un dato global, accede así a información precisa que le puede ayudar a optimizar sus gastos energéticos, programando con exactitud la calefacción o planificando la recarga de la batería de su coche eléctrico durante las horas valle. De este modo, reduce su factura y contribuye a la estabilidad de la red al suavizar la curva de consumo a lo largo del tiempo.

Crear un auténtico ecosistema

¿Por qué limitarse al intercambio de información? Si se interpreta de forma literal, la expresión «smart grid» (en español: red inteligente) invita a abandonar el modelo lineal de producción/distribución/consumo para pasar a una verdadera lógica de red interconectada. En este caso, no se trata solo de una simple transmisión de información: el consumidor pasa a ser parte activa de la actividad de la red.

Esta práctica ya es habitual: a nivel individual, muchos particulares cuyas viviendas están equipadas con paneles fotovoltaicos producen hoy en día electricidad que consumen directamente o revenden a su proveedor habitual. A nivel colectivo, la red inteligente da lugar a edificios sostenibles cuyo consumo eléctrico y huella de carbono se optimizan para el conjunto de los ocupantes.

En ocasiones, la red inteligente se implanta a escala de un barrio, un municipio o una comunidad para respaldar proyectos del tipo «ciudad inteligente» o «smart city ». Este es el caso, por ejemplo, de Utrecht, en los Países Bajos, donde los coches eléctricos del servicio de coche compartido se recargan gracias a paneles solares instalados en los tejados de los edificios vecinos. La red inteligente también permite ofrecer un servicio innovador respaldado por energía con bajas emisiones de carbono. Sin embargo, la puesta en marcha de un sistema de este tipo requiere la estrecha colaboración de actores procedentes de ámbitos muy diversos: administraciones públicas, proveedores de electricidad, startups especializadas, etc.

La electromovilidad al servicio de la red inteligente

Gracias a la capacidad de almacenamiento de su batería y a unas funciones cada vez más conectadas, el coche eléctrico ilustra de forma casi natural las ventajas de la red inteligente, con la que ahora puede interactuar. El intercambio de información constituye un primer nivel de colaboración, pero otras tecnologías permiten que el coche desempeñe un papel activo en el funcionamiento de la red eléctrica.

Gracias a la capacidad de almacenamiento de su batería y a unas funciones cada vez más conectadas, el coche eléctrico ilustra de forma casi natural las ventajas de la red inteligente, con la que ahora puede interactuar.

Con la recarga inteligente, la recarga del vehículo puede, por ejemplo, activarse bajo demanda, siguiendo instrucciones destinadas a dar prioridad a la energía local o renovable. Siguiendo la misma lógica, el proveedor puede interrumpir temporalmente la recarga para dejar pasar un pico de consumo y, de este modo, aliviar la red de distribución. Este principio permite limitar los costes para el consumidor final.

Por su parte, el sistema Vehicle to Grid (V2G) supone una participación más activa, ya que permite que el coche reinyecte parte de la electricidad de su batería a la red de distribución. La capacidad de almacenamiento del coche eléctrico se convierte así en una especie de reserva a la que se podrá recurrir para necesidades puntuales: la recarga pasa a ser bidireccional.

Las baterías de los coches eléctricos también encuentran su lugar en proyectos de almacenamiento estacionario, especialmente en su «segunda vida». Estas instalaciones pueden almacenar la electricidad verde —en el momento en que se produce y allí donde se produce— para ponerla a disposición de los consumidores cuando más la necesitan. Esto contribuye a impulsar el auge de la producción de electricidad con bajas emisiones de carbono a partir de energías renovables intermitentes, como la solar o la eólica.

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