Todo lo que hay que saber sobre la huella de carbono

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Medir la cantidad de gases de efecto invernadero emitidos por las actividades humanas para limitar mejor su impacto ecológico: ese es el objetivo del concepto de «huella de carbono». Al evaluarla y velar por que se limite a todos los niveles, se contribuye a reducir las consecuencias de las emisiones de dióxido de carbono (CO₂), en particular el calentamiento global.

POR EL Renault Group

¿Qué es la huella de carbono?

Se denomina «huella de carbono » a la cantidad de gases de efecto invernadero, en particular el CO₂, emitida por una persona, una organización, una actividad o un objeto. La huella de carbono se refiere a un periodo de tiempo: se calcula, por ejemplo, para un año. También puede definirse para todo el ciclo de vida de un producto manufacturado. Por lo tanto, se expresa en una unidad de masa, como el kilogramo o la tonelada, en relación con la unidad de tiempo elegida (por ejemplo, 10 kg/año).

Esta definición de «masa/tiempo» también permite contabilizar las medidas adoptadas para compensar las emisiones de carbono. Así, figuras reconocidas del ámbito ecológico tratan de calcular el número de árboles que hay que replantar para almacenar el carbono emitido por las actividades humanas: un árbol plantado almacena entre 20 y 30 kilos de carbono al año. Por lo tanto, se necesitan entre uno y dos árboles al día para compensar la huella de carbono anual de un europeo, estimada en 12 toneladas.

¿Cómo se calcula la huella de carbono de un vehículo eléctrico?

La huella de carbono de un producto manufacturado se calcula sumando la totalidad de los gases de efecto invernadero emitidos a lo largo de todo su ciclo de vida, desde la extracción de las materias primas necesarias para su fabricación hasta su reciclaje y el final de su vida útil, pasando por su uso.

El caso del coche, por ejemplo, es revelador: su huella de carbono se calcula a partir del consumo de energía y las emisiones de CO₂ derivadas de la extracción del petróleo y las materias primas, la producción de los distintos componentes, el montaje del coche, su cadena logística, su uso, su reciclaje y su fin de vida útil. La producción de las baterías explica que la huella de carbono de un modelo eléctrico, calculada al salir de fábrica, sea superior a la de un coche de combustión. Pero estos valores se invierten por completo posteriormente, ya que el periodo de uso inclina la balanza a favor del vehículo eléctrico.

El estudio europeo «El vehículo eléctrico en la transición ecológica», realizado en 2017 para la Fundación para la Naturaleza y el Hombre, señala que, a lo largo de todo su ciclo de vida, la huella de carbono de un Renault ZOE es casi un 40 % inferior a la de un vehículo equivalente de gasolina. Esta cifra se ha calculado a partir de la combinación energética media, es decir, la proporción de las diferentes fuentes de energía utilizadas para la producción de electricidad en Europa.

De hecho, la fuente de electricidad desempeña un papel importante en el cálculo de la huella de carbono de un vehículo eléctrico. Este tipo de coche, por supuesto, no emite CO₂ durante su uso (a diferencia de los equipados con un motor de combustión), y su recarga tendrá un menor impacto medioambiental si se realiza con electricidad procedente de fuentes «bajas en carbono», como la eólica, la nuclear, la solar o la hidroeléctrica.

La huella de carbono en Europa

La combinación energética explica las diferencias en la huella de carbono entre dos territorios europeos para un mismo modelo de coche eléctrico.

Los países escandinavos, donde los kilovatios-hora consumidos proceden de presas hidroeléctricas y aerogeneradores, reducen la huella de carbono de los coches eléctricos, a diferencia de los países que utilizan en mayor medida centrales térmicas de carbón, que generan grandes emisiones de CO₂. Así, un Renault ZOE nuevo que circula por Polonia tiene una huella de carbono total ligeramente superior a la de un vehículo de combustión equivalente, mientras que su impacto es cuatro veces menor que el de un modelo de gasolina cuando se utiliza en Noruega.

La huella de carbono en Francia

Francia, signataria e incluso impulsora de diversos protocolos sobre la necesidad de descarbonizar la actividad humana, logra mantener una huella de carbono por habitante reducida, sobre todo gracias a su mix energético, en el que predominan la energía nuclear —que emite muchos menos gases de efecto invernadero que las centrales térmicas— y las fuentes renovables.

Las fuentes renovables se fomentan especialmente, ya que, según el estudio mencionado anteriormente de la Fundación para la Naturaleza y el Hombre, un vehículo eléctrico genera solo 22 gramos de CO₂ por kilómetro cuando sus baterías se recargan con electricidad eólica, y 78 gramos de CO₂ por kilómetro con electricidad solar.

¿Cómo reducir la huella de carbono?

Hay numerosas decisiones de consumo que pueden influir en la huella de carbono individual: limitar los viajes en avión a lo estrictamente necesario, reducir el consumo de carne, financiar un sistema de calefacción más «ecológico» (geotermia, aerotermia) o compartir vivienda son variables de ajuste fundamentales. En lo que respecta al automóvil,la conducción ecológica es una forma segura de consumir menos energía en un trayecto determinado.

Cabe señalar también que la huella de carbono derivada del uso de cada vehículo eléctrico —incluidos los que ya circulan en la actualidad— está llamada a reducirse de forma constante en los próximos años, teniendo en cuenta el aumento previsto de la cuota de las energías renovables en el mix energético europeo. De hecho, se prevé que alcance el 20 % del consumo final bruto de energía en 2020, frente al 14,1 % registrado en 2012, por ejemplo.

El diseño ecológico

En el sector de la automoción, el diseño ecológico permite reducir la huella de carbono gracias a un enfoque global que tiene en cuenta todo el ciclo de vida de un vehículo. Por eso, un coche como el Nuevo ZOE está optimizado en varios aspectos para limitar su impacto medioambiental. Así, en su fabricación se utilizan ampliamente plásticos y tejidos reciclados: se emplean 22,5 kilos de materiales sintéticos reciclados por vehículo.

En Europa, la capacidad de fabricar vehículos y piezas «in situ» reduce la parte «logística» (transporte de componentes, almacenamiento y entrega de vehículos) atribuible al traslado de los distintos elementos necesarios para el montaje de los vehículos. El uso racional de la energía en la producción, dentro de las propias fábricas, también reduce las emisiones de gases de efecto invernadero.

Y, de cara al futuro, tecnologías como la «Smart Grid» —la red eléctrica inteligente que permite un consumo de energía exclusivamente «sin emisiones de carbono»— o el reciclaje de baterías —en particular, la recuperación y el aprovechamiento de los metales que contienen— figuran entre las soluciones que permiten reducir las emisiones. Lo mismo ocurre con la reutilización de baterías usadas, en una «segunda vida », para otras aplicaciones de almacenamiento de energía.

En cuanto a este último punto, el estudio realizado para la Fundación para la Naturaleza y el Hombre es claro: la batería de un vehículo eléctrico tiene una utilidad real fuera de los coches, como medio de almacenamiento de electricidad, durante su «segunda vida». Esta sinergia entre los sectores del automóvil y de la energía está cobrando cada vez más importancia y acompaña la transición energética y el desarrollo de las energías renovables.

La consideración de la huella de carbono en nuestras decisiones de consumo, una cuestión crucial de nuestra época, influye en nuestra responsabilidad medioambiental. Al igual que las empresas que la han convertido en un indicador de progreso tecnológico, la reducción global de las emisiones sigue siendo el elemento fundamental de un mundo orientado a la lucha contra el calentamiento global.

Derechos de autor: inkoly, Olivier Le Moal, golfer2015, OHM Frithjof, Frithjof Ohm, INCL. Pretzsch

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