Ciudad compacta: ¿hacia un nuevo modelo urbano?
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En un contexto de ahorro energético y de protección del medio ambiente, la expansión urbana descontrolada está mostrando sus límites. Frente a ella se encuentra el concepto de ciudad compacta. ¿Qué modelo urbano nos propone esta ciudad?
¿Qué es una ciudad compacta?
En su informe «Compact City Policies: A Comparative Assessment», la OCDE considera que «[…] las principales características de una ciudad compacta son un modelo de desarrollo denso y de proximidad, zonas urbanizadas conectadas mediante sistemas de transporte público y el acceso a los servicios y puestos de trabajo locales. » En otras palabras, la ciudad compacta ocupa el espacio de forma más densa y reúne, en un mismo lugar, todas las necesidades de los ciudadanos (vivienda, trabajo, servicios). Esta intensificación del uso del espacio tiene como objetivo limitar la expansión de la ciudad hacia los espacios agrícolas y naturales, contener las necesidades de movilidad de los habitantes y optimizar su consumo de energía.
La ciudad compacta lucha contra la expansión urbana, que, desde mediados del siglo XX, ha provocado que la superficie urbanizada aumente más rápidamente que la población. Esta fragmentación genera, entre otras cosas, un uso masivo del coche y unos costes elevados para la construcción y el mantenimiento de las infraestructuras: carreteras, agua, gas, teléfono, electricidad, recogida de residuos, etc.
Las diferentes características de una ciudad compacta
La densidad residencial conlleva un uso más intensivo del espacio, con viviendas agrupadas frente al modelo de vivienda unifamiliar con jardín. Las aglomeraciones urbanas están próximas entre sí, con una delimitación clara respecto a los espacios naturales, a modo de red verde no urbanizable. La movilidad se basa principalmente en un amplio sistema de transporte público. La variedad y la concentración de servicios en un perímetro reducido (puestos de trabajo, supermercados, restaurantes, servicios médicos, colegios, etc.) hacen que, en su mayoría, sean accesibles a pie o en bicicleta.
Ámsterdam: un ejemplo de ciudad compacta en Europa
Los Países Bajos son el país que más ha integrado los principios de la ciudad compacta en su desarrollo urbano. ¿El objetivo? Combatir el declive de las ciudades en un momento en que las clases medias empezaban a desplazarse hacia los suburbios. Se construyeron viviendas en terrenos urbanos abandonados (propiedades en desuso) y se rehabilitaron o transformaron edificios para darles un nuevo uso mixto (residencial o comercial), como en el caso de la zona portuaria este de Ámsterdam, que se encontraba en estado de abandono. Ante la escasez de terrenos disponibles, la cuestión del desarrollo en altura está a la orden del día desde 2011. Los nuevos edificios de oficinas se ubican en zonas bien comunicadas por transporte público para dar prioridad a la vivienda.
El vehículo eléctrico en la ciudad compacta
Dada su mayor densidad, la cuestión de la movilidad en la ciudad compacta es fundamental para limitar la congestión de las vías de circulación y la contaminación generada por el tráfico rodado. Si bien la ciudad compacta está diseñada para fomentar el uso del transporte público, la bicicleta y los desplazamientos a pie, la movilidad eléctrica y compartida también puede satisfacer una necesidad complementaria de desplazamiento, al tiempo que limita ciertas molestias (emisiones de CO₂, ruido, volumen de vehículos en circulación) y respeta las nuevas normativas de los centros urbanos. Una tendencia que adoptan cada vez más ciudades obarrios ecológicos, donde proliferan los servicios de coche compartido eléctrico, como en Madrid, Utrecht, Ámsterdam o París. Una solución completa y accesible para todos que fomenta la intermodalidad y garantiza una libertad de desplazamiento que se inscribe en la sostenibilidad.
El aumento de la población y de las compras por Internet también plantea la cuestión del abastecimiento de la ciudad. Los vehículos comerciales eléctricos «cero emisiones*» ya se están integrando en el ecosistema urbano actual, sobre todo para la entrega de la última milla. En Francia, proyectos más innovadores como Chapelle International, un nuevo barrio urbano y logístico al norte de París, han incorporado esta perspectiva desde el principio, combinando el transporte de mercancías con los vehículos eléctricos. El proyecto prevé la creación de un centro logístico de 45 000 m² con capacidad para recibir cada día dos trenes, lo que equivale a 40 semirremolques, para abastecer a la capital. La logística principal se centraliza en este espacio; a continuación, los vehículos limpios se encargan de la distribución por la ciudad.
¿Una ciudad «compacta» o una ciudad «sostenible»?
Al situar en las inmediaciones todos los servicios que los habitantes necesitan en su día a día y al aumentar la densidad del espacio, la ciudad compacta reduce los tiempos de desplazamiento, fomenta los medios de transporte sostenibles, permite compartir las inversiones en el desarrollo urbano y garantiza la protección de los espacios naturales, lo que la convierte en un modelo de urbanización sostenible. La ciudad compacta es, por tanto, una ciudad sostenible. Pero, ¿una ciudad sostenible es necesariamente compacta? ¡De hecho, ambos conceptos parecen ir de la mano!
En 2050, las ciudades acogerán a cerca del 70 % de la población mundial; la ciudad compacta puede desempeñar un papel significativo en las políticas urbanas para hacer frente a esta afluencia de habitantes, al tiempo que se preservan los recursos naturales.
* Sin emisiones de CO₂ ni de contaminantes atmosféricos regulados durante la conducción, salvo las piezas de desgaste
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