En 1965, Renault lanzó el Renault 16: ¡un coche ideal para disfrutar de los días festivos de primavera!

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Con el Renault 16, Renault responde a las expectativas de una clientela formada por ejecutivos y autónomos. Se trata de personas más bien jóvenes que buscan un coche versátil, adaptado a nuevos usos, sin tener que renunciar a la elegancia y al confort de una berlina.

En 1965, el concepto de polivalencia no figuraba entre los «códigos» del mundo del automóvil, y la modularidad era un término abstracto.

El Renault 16 innova: el portón trasero sustituye al maletero cerrado, una elección bastante inesperada en un vehículo de gama alta; los pestillos negros de las puertas desaparecen y se sustituyen por varillas rojas que se deslizan cuando el conductor gira la llave en la cerradura, lo que permite el cierre centralizado de las puertas.

Un coche ya no debe limitarse a cuatro asientos y un maletero. Debe representar un espacio. El Renault 16, este coche de la «clase media-alta» con un estilo atrevido, se impone como un familiar diferente. Ofrece una versatilidad de uso sin precedentes, al margen de las versiones familiar.

Renault no se conforma con incluir un portón trasero y una banqueta abatible: el espacio interior está organizado en torno a un maletero diseñado para diversos usos. Las diferentes posiciones de los asientos y de la banqueta, a modo de tabiques móviles, no solo se adaptan a los distintos usos del coche, sino que representan auténticas escenas de la vida cotidiana.

La modularidad del Renault 16 contribuye en gran medida a su reputación, al igual que su excepcional equilibrio entre comodidad y comportamiento en carretera. El Renault 16 es el monovolumen que marcó un antes y un después. Veinte años más tarde, se convertiría en un elemento clave del lema de Renault: «coches para vivir».