MORPHOZ: un viaje al año 2025

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Imagina una ciudad en la que los atascos hayan disminuido, los usuarios compartan la carretera de forma inteligente, una ciudad más silenciosa y respetuosa con el medio ambiente. Imagina ahora, en esa ciudad, un coche modular que te da una cálida bienvenida a su espacioso habitáculo. Eres uno de sus propietarios. Y este coche te lleva más allá de la ciudad, mucho más allá… Acabas de subir a bordo de MORPHOZ, estamos en 2025. Relato.

por Renault Group

Son las 18:30 y ya ha anochecido.

Atravieso la verja, me acerco y desbloqueo las puertas con un simple gesto de la mano. El coche arranca suavemente en un silencio de catedral. Frente a mí, la pantalla en forma de L se despliega. Disfruto aún de unos minutos de tranquilidad absoluta y pongo «Drive My Car», de Curtis Harding, antes de incorporarme al intercambiador.

El tráfico fluye con normalidad. Mantengo la vista en la carretera y me dejo llevar; estiro las piernas, enderezo la espalda y estiro los brazos. Dejo escapar un suspiro; me invade una sensación de relajación absoluta, cómodamente instalada en el sereno esplendor del habitáculo. A mi izquierda veo pasar el bosque de Boulogne. Estoy en París. Tengo la sensación de deslizarme como un cisne sobre el lago; la circunvalación es mi reino desierto. Unos minutos más tarde vuelvo a tomar el volante y entro de nuevo en la ciudad, bordeo el Parque Monceau y me detengo un instante en el cruce con el bulevar Malesherbes. Echo un vistazo al nivel de combustible: casi lleno, aún me quedan 400 km por delante.

Alice y Leo se meten en la parte de atrás, mientras que Jude se sienta a mi derecha. Como era de esperar, gira su asiento para quedar en sentido contrario, frente a Leo. Es su pequeño lujo, un respiro en su salón itinerante. «¿Lo has comprado tú?». Jude me tiende una caja de grillos ecológicos al estilo griego, que ha encontrado en el compartimento de la consola central, debajo de la pantalla. Paul y Leila debieron de olvidarla ayer. Paul y Leila: nuestros vecinos, copropietarios del coche. Lo utilizan con frecuencia para ir a su casa de campo, a tres horas y cuarenta y cinco minutos de la ciudad. Bastan unos segundos para instalar el paquete de baterías adicional desde la estación, y ya están lejos, por los caminos forestales que les llevan al refugio rural.

Mientras mi mente se pierde en el aroma del musgo y el crujir de la maleza, diviso el Sagrado Corazón. Ya no estamos muy lejos. Jude, Alice y Léo parecen medio dormidos, arrullados por el movimiento del vehículo y las notas de soul melancólico. Apago la música y reduzco la velocidad.

Al final del bulevar de Batignolles, la ciudad cambia de aspecto, con sus aceras repletas de turistas, amantes del teatro y de la gastronomía internacional. Nos desplazamos con confianza entre ciclistas, autobuses y peatones, mientras los sensores del vehículo detectan su presencia. Nuestro viaje llega a su fin más adelante, en la calma irreal del habitáculo, mientras el bulevar de Clichy proyecta sus luces de neón bermellón sobre el empedrado parisino.

Espejo brillante

Estamos en 2025, en un futuro que ya existe.

Los taxis voladores no han sustituido a nuestro transporte público, los ciclistas no han cambiado sus bicicletas eléctricas por un hoverboard levitante y los peatones no cruzan las avenidas con mochilas propulsoras. ¿Decepcionante? No del todo, porque, aunque la realidad no haya alcanzado del todo el nivel de las obras de ciencia ficción de los años 80, la movilidad tal y como la imaginamos es tan emocionante como los medios de transporte de James Bond y Marty McFly. Se trata de desplazamientos con menos artilugios de alta tecnología, pero eficaces: más tranquilos y más limpios. Ciudades cada vez menos congestionadas, una mejor calidad del aire y una gestión energética global más inteligente.

En el mundo de 2025, la imaginación no nos lleva a soñar con las películas de ciencia ficción: en un día a día de carreteras congestionadas, noches demasiado cortas y reuniones excesivas, soñamos con dormir, con la eficiencia y con más libertad.

La movilidad de este mundo de 2025 la plasmamos en nuestro prototipo MORPHOZ. Un vehículo limpio y modular. Un vehículo a medida que se adapta tanto a los desplazamientos diarios como a los viajes por carretera de larga distancia. Un vehículo personal que se puede compartir cuando no lo utilizas. Un vehículo para conducir y dejarse llevar.

Un vehículo que responde a la diversidad de necesidades y actividades humanas y que simboliza tres grandes cambios: la transición hacia la movilidad 100 % eléctrica, la transformación de las ciudades en «smart cities» y los nuevos modelos comunitarios.

Electrificación

A la larga, la gran mayoría de los coches pasarán a ser eléctricos. Pero para desempeñar un papel esencial en la transición energética, los vehículos de «cero emisiones» no deben quedar relegados al final de la cadena: están y estarán cada vez más integrados en un ecosistema eléctrico inteligente, el de las ciudades inteligentes. Como ocurre enla isla de Porto Santo, con su red de energía compartida y —en su núcleo— las baterías. Y aunque llevamos mucho tiempo trabajando para aprovechar al máximo la segunda vida de las baterías, con MORPHOZ demostramos nuestra capacidad para plantearnos su aprovechamiento de una forma aún más inteligente: gracias al uso compartido generalizado. Así, cuando el vehículo no está en marcha, sus baterías pueden alimentar aparatos del hogar o del barrio (mediante la tecnología Vehicle to Grid). También pueden almacenarse en una estación para servir a otros vehículos o alimentar equipos como estaciones de recarga de bicicletas de uso compartido o el alumbrado público. El esquema es, en definitiva, sencillo: cuanto más compartimos nuestras baterías, menos producimos y más reducimos nuestra huella de carbono.

Comunidad

La economía circular, en la que el sector del automóvil también desempeña un papel clave, fomenta cada vez más el uso compartido de vehículos y el coche compartido. Incluso se está introduciendo en nuestros vehículos eléctricos. MORPHOZ se enmarca en esta tendencia: rechaza la idea de que el coche particular sea necesariamente individualista y, por el contrario, promueve un uso compartido. En este sentido, MORPHOZ es un vehículo familiar, donde el término «familia» se extiende a la comunidad y al vecindario —como Paul y Leila, de quienes hemos hablado anteriormente—. Al maximizar así el uso de cada coche y el número de pasajeros, reducimos el número de automóviles en las carreteras y, por lo tanto, los atascos. Todo ello sin dejar de ofrecer una experiencia a bordo sin precedentes, basada en servicios innovadores y de gran valor añadido. Este concepto se adelanta a la desaparición de las llaves de contacto y las tarjetas de acceso, pero también a la normativa, que algún día podría imponer progresivamente funciones de uso compartido en todos los vehículos particulares.[/readmore]

Hemos dado una vuelta por el año 2025, hemos conocido a nuestros vecinos, a nuestra familia imaginaria y hemos visitado la ciudad del futuro. Pero, ¿por qué este viaje a bordo del MORPHOZ, un viaje imaginario en un vehículo conceptual que nunca veremos «tal cual» en nuestras carreteras?

«Un vehículo familiar, en el que el término «familia» se extiende a la comunidad y al vecindario».

¿Para qué sirven los prototipos de coche?

Porque MORPHOZ define la visión y la orientación empresarial, de diseño y de producto del Renault del mañana. Un coche modular, capaz de transformarse físicamente según tus necesidades —en versión corta «City» o larga «Travel»—, con la capacidad de batería adecuada. MORPHOZ puede hacer soñar, pero ese no es su principal interés. Los prototipos son, ante todo, laboratorios de innovación que permiten probar tecnologías y marcar el rumbo para el diseño de nuestros futuros modelos. MORPHOZ será también un ejemplo perfecto de ello. Prefigura una futura familia de modelos eléctricos de Renault que utilizarán la nueva plataforma modular denominada CMF-EV. Una plataforma común a la Alianza, dedicada a la movilidad eléctrica, que multiplicará las posibilidades de configuración del interior del vehículo. También anticipa futuros modelos que contarán con varias capacidades de batería. Modelos que se beneficiarán de las mejoras estructurales y de rendimiento de los sistemas de recarga. Modelos que dispondrán de servicios conectados que optimizarán esos momentos de recarga. Los prototipos se sitúan, por tanto, entre el sueño y la realidad; son símbolos que tienden un puente entre el gran público y la industria. Entre el presente… y un futuro no tan lejano.