La economía circular de las baterías de los vehículos eléctricos

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El desarrollo a gran escala del vehículo eléctrico requiere la implantación de una economía circular que favorezca la reutilización de las baterías de ionen litio, incluso antes de su reciclaje. ¿El objetivo? Garantizar una segunda vida útil a estas baterías, para reducir al máximo su impacto en el medio ambiente.

¿Por qué tirar una batería que aún puede servir? El concepto de economía circular abarca el conjunto de prácticas y técnicas que permiten optimizar el uso de un recurso antes de plantearse su reciclaje. Se basa en un principio de sentido común: alargar el ciclo de vida de un producto significa integrar, desde su diseño, las cuestiones relacionadas con la recogida, la reutilización, la renovación y el reciclaje de las piezas y los materiales utilizados en su fabricación.

En Francia, esta reflexión está impulsada principalmente por la Agencia de Medio Ambiente y Control de la Energía (Ademe), con la colaboración de grandes empresas industriales como Renault Group.

La economía circular aplicada al coche eléctrico

Las baterías de los vehículos eléctricos ilustran bien el interés de las reflexiones relacionadas con la economía circular. De hecho, la fabricación de una batería de ionen litio implica el uso de diversos materiales, como el litio, el cobalto, el níquel o el aluminio.

La valorización de estos materiales tras su reciclaje corre sistemáticamente a cargo del sector del automóvil, pero se trata de un proceso complejo y costoso, sobre todo porque requiere una serie de transformaciones químicas. Por ello, la filosofía de la economía circular sugiere posponerlo lo máximo posible.

Esta lógica de optimización comienza desde el primer uso a bordo de un coche eléctrico, con una gestión inteligente de los ciclos de carga y descarga, para maximizar tanto el rendimiento de la batería como su vida útil.

Promover una segunda vida útil para las baterías eléctricas

No obstante, el rendimiento acaba deteriorándose con el paso del tiempo, aunque en proporciones moderadas. Actualmente se estima que la batería de un coche eléctrico conserva, de media, el 75 % de su capacidad energética inicial tras un periodo de uso de entre 8 y 10 años.

En este punto, un fabricante como Renault considera que el nivel de rendimiento ya no es suficiente para el uso en el sector del automóvil, pero esta disminución del rendimiento no significa que sea el momento de pasar a la fase de reciclaje. Antes de cerrar el ciclo, la economía circular sugiere, de hecho, buscar otros escenarios, menos exigentes, en los que la pérdida de capacidad no sea un factor limitante.

El tema ha llamado la atención incluso de la Comisión Europea. En 2018, firmó con varias empresas industriales europeas, entre ellas Renault Group, un acuerdo de innovación destinado precisamente a fomentar la reutilización de las baterías de ionen litio antes de plantearse su reciclaje.

La optimización del ciclo de vida de las baterías de los coches eléctricos es un reto crucial para el desarrollo del sector. El Renault Group optimiza el uso de la batería a lo largo de todo su ciclo de vida, desde su montaje y puesta en circulación a bordo de un vehículo nuevo hasta su reciclaje.

Además, integrar la batería de ionen litio en un modelo de economía circular contribuye a que el vehículo eléctrico resulte más asequible para el consumidor. De hecho, la batería adquiere así un valor añadido, lo que permite reducir el precio que debe pagar el comprador de un coche eléctrico.

Reutilizar antes de reciclar

Entre las diferentes salidas posibles, el almacenamiento estacionario de energía se perfila sin duda como la opción más prometedora para dar una segunda vida a estas baterías. Ya sea a escala de una vivienda, un edificio, un emplazamiento industrial o un barrio, la capacidad de una batería para almacenar electricidad permite, de hecho, integrar más fácilmente la electricidad procedente de fuentes de energía renovables e intermitentes, como la solar o la eólica. El Renault Group ya ha puesto en marcha varios proyectos piloto que ilustran de forma concreta las ventajas de este enfoque.

Además, el Grupo ha colaborado en el proyecto europeo ELSA (Energy Local Storage Advanced system), en colaboración con otras empresas como Nissan o Bouygues Energies et Services, que está probando el almacenamiento estacionario en varias ciudades de Europa.

En una isla como Porto Santo, el almacenamiento estacionario que se consigue gracias a baterías de coches eléctricos en segunda vida ya permite reducir la dependencia de los combustibles fósiles, al tiempo que fomenta el uso de energías renovables. En Belle-Île-en-Mer, la reutilización de las baterías de ionen litio del Renault Zoe permite, por ejemplo, almacenar la energía producida durante el día por los paneles solares instalados en el tejado de la escuela para recuperarla durante la noche. De este modo, el edificio en cuestión se beneficia de una electricidad descarbonizada cuando la necesita y no solo cuando se produce. Por su parte, las baterías de iones de litio ven prolongado su ciclo de vida en al menos 5 años más.

Esta lógica también se aplica a muy gran escala. Por ejemplo, el fabricante ha puesto en marcha un proyecto denominado «Advanced Battery Storage», cuyo objetivo es construir, de aquí a 2020, el mayor sistema de almacenamiento estacionario de electricidad jamás concebido en Europa a partir de baterías de vehículos eléctricos.

Con este tipo de iniciativas, la economía circular de las baterías de los coches eléctricos permite, por un lado, fomentar el uso de energías renovables y, por otro, acelerar la transición hacia redes energéticas inteligentes. De hecho, el Renault Group trabaja en estos temas cruciales codo con codo con numerosas startups especializadas. Por ejemplo, suministra baterías de segunda vida a Powervault, una empresa británica especializada en unidades de almacenamiento de energía para viviendas particulares equipadas con paneles solares.

Dar prioridad a los bucles cortos

De este modo, las baterías de los vehículos eléctricos solo llegan a la fase de reciclaje tras varios años más de uso gracias a esta segunda vida.
Al final de su ciclo de vida, el reto consiste entonces en tratar las baterías usadas de manera que se permita la rápida revalorización de los recursos, ya sea dentro del sector del automóvil o en una industria afín. ¡Este es el principio del reciclaje de ciclo corto y uno de los grandes motores de la economía circular!

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