El R&D Lab es un nuevo centro de actividad creado dentro de la unidad de negocio Alpine. Su objetivo: poner el saber hacer tecnológico único de la marca al servicio de proyectos innovadores, especialmente en el marco de la descarbonización del sector del transporte. Bob Bell, asesor estratégico del BWT Alpine F1 Team, nos cuenta más sobre esta nueva estructura y su implicación en la colaboración técnica con Aqualines, una start-up francesa que desarrolla una nueva generación de transporte marítimo ultrarrápido con una huella de carbono reducida: los «Naviplanes».
POR EL Renault Group
Para Alpine, una estrategia de desarrollo sostenible no debe limitarse a meras palabras, sino que debe traducirse en hechos. La próxima electrificación de la gama es, por supuesto, una demostración brillante de ello. Pero la iniciativa no se detiene ahí, ya que con la creación en 2022 de su R&D Lab, Alpine se propone aprovechar su experiencia tecnológica más allá del ámbito del automóvil a través de colaboraciones con socios innovadores en los campos de la movilidad sostenible, la robótica avanzada, el deporte y la salud.
Tradicionalmente, nos dedicamos a la competición. Pero también aplicamos nuestros conocimientos y nuestras capacidades tecnológicas a proyectos comerciales ajenos a la Fórmula 1.
El Laboratorio de I+D: una unidad especializada
Bob Bell , director técnico del equipo Renault cuando este ganó el campeonato mundial de Fórmula 1 en 2005 y 2006 y actual asesor estratégico del BWT Alpine F1 Team, es el experto elegido para poner en marcha el Laboratorio de I+D e iniciar la primera colaboración con Aqualines. Nos describe su funcionamiento: «El Laboratorio es realmente una estructura multifacética, ya que agrupa los recursos de las entidades deportivas de Enstone, en Gran Bretaña, y de Viry-Châtillon, en Francia, donde se diseñan y desarrollan nuestros motores de F1, pero también los de Alpine Cars, que desarrolla nuestros modelos de carretera».
En torno a Bob Bell, los equipos de Alpine y del Alpine R&D Lab se dedican a proyectos innovadores, especialmente en el ámbito de la movilidad sostenible
Enstone en primera línea
En el marco del proyecto Aqualines, se ha recurrido sobre todo a la experiencia de Enstone: «Los ámbitos de la ingeniería son, en definitiva, bastante similares y propicios para la colaboración. Eso es lo que hace que nuestra participación sea tan relevante. El vehículo Aqualines se desplaza muy cerca de la superficie del mar, al igual que los monoplazas de Fórmula 1, que circulan muy cerca del suelo. Las técnicas de túnel de viento necesarias para llevar a cabo estas pruebas correctamente son muy similares en ambas situaciones. Realmente, solo la tecnología de la Fórmula 1 puede aportar ese nivel de comprensión y conocimiento para simular correctamente vehículos que se desplazan tan cerca de una superficie. Esto fue fundamental en esta colaboración».
Esta colaboración se desarrolló en varias fases, explica Bob Bell: «El calendario era bastante ajustado en comparación con los estándares de un proyecto comercial habitual, ¡pero mucho menos apretado que las restricciones de tiempo de un equipo de Fórmula 1! De hecho, es por eso por lo que acuden a nosotros: podemos ofrecer una respuesta muy rápida y ágil. En este proyecto, el primer paso fue diseñar la maqueta para el túnel de viento a partir del diseño de Aqualines. A continuación, la fabricamos y la probamos en nuestro túnel de viento según las especificaciones de Aqualines».
La maqueta de túnel de viento del Naviplane de Aqualines podrá someterse a pruebas
Mientras que los monoplazas de Fórmula 1 aprovechan el efecto suelo para generar una fuerza de empuje hacia abajo que mantiene el coche pegado al asfalto, los «Naviplanes» diseñados por Aqualines utilizan el efecto suelo para crear una fuerza de sustentación que les permite volar sobre el agua con una resistencia mínima al movimiento. Guillaume Catala, presente en las pruebas aerodinámicas en el túnel de viento de Enstone y socio de Pavel Tsarapkin, cofundador de Aqualines, nos detalla el concepto de estas embarcaciones voladoras: «Los propulsores delanteros expulsan el aire por debajo del fuselaje y el propulsor trasero genera el empuje. Una vez alcanzada la velocidad de 90-100 km/h, no se necesita energía para mantener el efecto suelo, lo que lo convierte en un medio de transporte muy económico».
¿Barcos voladores? No, no, no se trata de una adaptación un tanto fantasiosa de una película de animación de Miyazaki, sino de un concepto totalmente realista que, por cierto, ya demostró su eficacia sobre el terreno en los años 60 para el transporte de material sobre el mar. El enfoque de Aqualines consiste en desarrollar este concepto al servicio de una movilidad azul, eficiente desde el punto de vista energético y respetuosa con la biodiversidad marina, ya que, al volar sobre el agua cuando alcanzan su velocidad de crucero, los «Naviplanes» evitan cualquier perturbación de los ecosistemas submarinos.
El conocido principio del efecto suelo de la Fórmula 1 permite que el barco «vuele» sobre el agua
Un proyecto muy innovador
Tras numerosas pruebas a escala reducida, la start-up con sede en Bayona comienza la construcción de un prototipo a tamaño real. «Las primeras pruebas a escala 1 están previstas para principios de 2024» , precisa Guillaume Catala. Mientras tanto, las pruebas realizadas en el túnel de viento de Enstone han permitido perfeccionar el desarrollo de los vehículos en curso, tal y como confirma Bob Bell: «Les hemos entregado la maqueta del túnel de viento, que pueden utilizar como deseen, pero también todos los resultados y toda la información procedente de estas pruebas aerodinámicas. Los ingenieros de Aqualines podrán analizar todos estos datos y compararlos con sus propias simulaciones. Y si quieren profundizar en la investigación de ciertos aspectos o probar modelos de mayor tamaño, esto podría dar lugar a más pruebas en colaboración en el futuro».
Efectivamente, tal y como confirma Pavel Tsarapkin, Aqualines tiene varios proyectos en fase de desarrollo: «Estamos estudiando toda una gama de vehículos con capacidad para entre doscientos y trescientos pasajeros. El principio tecnológico sigue siendo el mismo. Después, es solo una cuestión de eficiencia económica según los usos. Por ahora, nos centramos en el modelo biplaza como demostrador del concepto, tras lo cual elegiremos qué producto comercializar primero. Este debería tener una capacidad de entre doce y cincuenta pasajeros».
Junto con su socio Guillaume Catala, Pavel Tsarapkin es el impulsor del proyecto de estos hidroaviones, que podrán transportar entre doce y cincuenta pasajeros sobre las aguas
Más allá del aspecto comercial, esta colaboración ha sido acogida como una oportunidad interesante por el equipo técnico de Enstone, tal y como confirma Bob Bell: «Este proyecto nos ha brindado la oportunidad de pensar de forma diferente, de reflexionar sobre otro enfoque de ingeniería, y ha resultado muy estimulante para nuestros ingenieros. Creo que es el tipo de experiencia que permite a nuestros equipos crecer como ingenieros. También es una ocasión para evaluar nuestros métodos y técnicas en un entorno ligeramente diferente, lo cual resulta muy interesante de cara a futuras colaboraciones con otros clientes».