De los motores térmicos a los eléctricos: más que una simple evolución, un paso de gigante. 

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De los motores térmicos a los eléctricos: más que una simple evolución, un paso de gigante. 

Resumen del artículo

Recarga eléctrica de Renault

Nuevos hábitos al volante, infraestructuras que hay que replantearse, una ingeniería que debe reinventarse y un planeta que hay que cuidar. La transición a la movilidad eléctrica supone mucho más que un simple cambio tecnológico. Se trata de una transición a la vez personal, sistémica y ecológica que Renault Group afronta como un reto global. Entrevista con Vittorio d’Arienzo, vicepresidente de Producto de Renault Group.

¿No es acaso la verdadera revolución del vehículo eléctrico la del propio conductor? 

V. d’A. ¡Sí, claro que sí! Ya sea térmico o eléctrico, las expectativas de los conductores siguen siendo las mismas: fiabilidad, seguridad, un coste de uso controlado y esa pequeña emoción que se siente ante un coche que te cautiva. Una carrocería bonita, un diseño que te enamora.

Lo que cambia, en cambio, es todo lo demás. Y el cambio es más profundo de lo que parece. En Europa, un coche tiene, de media, más de diez años. Por lo tanto, su conductor o conductora lo conserva entre ocho y doce años, antes de encontrarse, de la noche a la mañana, ante un vehículo radicalmente diferente. No solo eléctrico. Diferente en sus gestos, sus puntos de referencia, sus reflejos: ¡un auténtico salto cuántico en su uso!

  • De la caja de cambios manual a la automática: «Ya no acciono el embrague, ni cambio de marcha. Gestos que, sin embargo, había realizado miles de veces».
  • Del simple Bluetooth a la conectividad ampliada: «Donde antes simplemente conectaba mi teléfono, ahora me encuentro ante un ecosistema digital que aún no domino».
  • De repostar combustible a recargar: «Antes paraba cinco minutos en la gasolinera; ahora tengo que planificar y anticiparme».
  • Combustible o autonomía: «Antes echaba un vistazo al indicador de combustible; ahora tengo que interpretar un porcentaje de batería cuyos límites reales aún desconozco». 

Quizá sea ahí donde la industria del automóvil ha subestimado el reto: no el de la tecnología, sino el del acompañamiento. Educar. Ayudar a cada conductor a familiarizarse con este nuevo mundo.

Porque las ventajas de los vehículos eléctricos son muy reales: una conducción más fluida, un nivel de conectividad sin precedentes y una experiencia renovada en el día a día. Pero hay que dar el paso con tranquilidad. 

Es precisamente esta ambición la que debe guiar a Renault Group como líder de los «coches para disfrutar»: sencillos, accesibles e intuitivos. Una visión que se materializa en una gama específica, desde el ZOE hasta el Mégane, pasando por el Scénic y el Alpine. Y, más recientemente, a través de dos modelos emblemáticos: el R5, sin concesiones en cuanto a diseño y placer de conducción, y el Nuevo Renault Twingo E-Tech Electric, que redefine los estándares de su segmento en términos de espacio, eficiencia y precio.

Renault ZOE - 2016

¿Han dado el paso los conductores? 

V. d’A. Muchos han comprado el R5 «aunque sea eléctrico». No eran necesariamente personas convencidas del vehículo eléctrico, sino simplemente personas a las que les gustó el coche y dieron el paso. Quizá eso es lo que hay que recordar: si ofreces el coche adecuado y orientas al cliente, este acabará optando por el eléctrico. Y una vez que lo ha probado, ya no hay vuelta atrás. Es un poco como el paso del teléfono clásico al smartphone: ¡uno se pregunta cómo se las apañaba antes!

Hoy, Renault Group ha dado un salto cuántico con respecto a la anterior generación de coches eléctricos. Por lo tanto, la transformación ya no es solo una cuestión de producto.

¿Deberíamos, entonces, mirar más allá del coche? 

V. d'A. Sin duda alguna. El siguiente paso es, efectivamente, replantearnos, a escala social, todo lo que debe «preparar» al cliente para este nuevo mundo: las estaciones de recarga, las infraestructuras, la estabilidad y el coste de la energía. Se ha puesto rumbo a la movilidad eléctrica y el contexto actual viene a acelerarla: la subida coyuntural del precio de la gasolina empuja, como es natural, a los conductores a replantearse sus hábitos. Depende de nosotros asegurarnos de que se mantengan fieles a esta elección. No controlamos el precio de la gasolina, pero la facilidad de recarga, el coste de adquisición y la sencillez de uso son nuestro terreno. 

Como fabricante, Renault Group aporta su granito de arena: ofrecer los mejores productos y servicios a un precio justo. Y es que el uso del coche forma parte de un estilo de vida, de una cadena de valor: el precio de compra, el coste diario de la electricidad, la facilidad para recargar cerca de casa o en la oficina, o incluso encontrar una plaza de aparcamiento equipada.

La transición masiva hacia los vehículos eléctricos está al alcance de la mano, siempre y cuando construyamos colectivamente el ecosistema que la haga posible.

Vittorio d’Arienzo

«Una vez que se ha experimentado el silencio, la suavidad y la sencillez de un vehículo eléctrico, ningún usuario vuelve atrás.»

Vittorio d’Arienzo

Vicepresidente de Producto del Grupo

¿Transición energética, transición social... y transición ecológica? 

V. d’A. Cabe hacer una aclaración, directamente relacionada con lo anterior: para tener un impacto medioambiental, no solo hay que diseñar vehículos eléctricos, sino, sobre todo, venderlos. El efecto volumen no es solo un indicador comercial, sino una palanca medioambiental por derecho propio.

Pero el compromiso no empieza en el momento de la venta. Desde la fase de diseño, los aspectos medioambientales deben integrarse como elementos fundamentales, incluso básicos, de principio a fin. La columna vertebral es la sostenibilidad.

Un vehículo sostenible es, ante todo, un vehículo eficiente. Nuestra filosofía se basa en un principio sencillo: el «right-sizing». Utilizar menos recursos para fabricarlo, menos energía para circular y conseguir que, en el día a día, la propulsión eléctrica resulte más económica que la térmica. Aerodinámica, frenado, climatización, tamaño de las ruedas: cada decisión técnica converge hacia un mismo objetivo. Consumir menos para desplazarse del punto A al punto B —la necesidad principal del usuario— y, al mismo tiempo, reducir el impacto medioambiental. Nuestro nuevo Renault Twingo E-Tech Electric es la prueba de ello: gran autonomía, batería pequeña, 1,2 toneladas. Un referente en cuanto a espacio, eficiencia y diseño. Y un modelo que pretendemos multiplicar.

Fabricación del Twingo E-Tech Electric en la planta de Novo Mesto (Eslovenia) – Control de calidad

¿Ve alguna diferencia significativa entre los mercados, en particular el europeo, el chino y el indio? 

V. d’A. Si bien la movilidad sin emisiones de carbono es una necesidad mundial, la forma en que se percibe varía, de hecho, de un país a otro.

En Europa, la historia habla por sí sola y sus ciudades conservan su huella. París, Londres, Madrid, Roma: calles estrechas, centros urbanos densos, una cultura del coche compacto y ágil, fácil de aparcar. Pero pequeño no significa básico. Quizá ahí radique una de las grandes singularidades del mercado europeo: es el único capaz de ofrecer un coche compacto dotado de todas las prestaciones del segmento superior. Conectividad, diseño marcante, placer de conducción intacto: el R5 es su encarnación perfecta. Europa es también un mercado maduro y envejecido, cuyo comprador medio tiene 56 años; un mercado apegado a la emoción y al estatus. El reto no es tecnológico: se trata de demostrar que optar por un vehículo eléctrico no significa renunciar al placer de conducir ni a la imagen que transmite el coche. Un coche respetuoso con el medio ambiente no tiene por qué ser aburrido; esa es precisamente la ambición de Alpine.

China es un panorama totalmente diferente. Allí, las ciudades se han diseñado pensando en el automóvil: amplias avenidas, numerosos aparcamientos, espacio. Los coches son, naturalmente, más grandes y el vehículo eléctrico ya ha encontrado allí un público numeroso: su adopción ya no es un tema de debate, es un hecho. Lo que caracteriza al cliente chino es una exigencia en constante evolución: cada vez más conectado, cada vez más innovador. La batalla se libra ahora en torno a las funcionalidades y la capacidad de sorprender.

Shanghái (China)

La India ocupa una posición intermedia. Al igual que en Europa, los coches pequeños gozan de gran popularidad, tanto por razones de accesibilidad como de practicidad urbana. Y la palabra clave aquí es «asequible»: el precio sigue siendo un criterio determinante. Lo que distingue a este mercado es también su juventud: el comprador medio tiene unos diez, o incluso veinte años menos que en Europa. Menos anclado en las costumbres del pasado y más abierto al cambio, adopta con mayor naturalidad las nuevas tecnologías. Las expectativas evolucionan rápidamente y la movilidad eléctrica avanza, impulsada por una generación que no tiene que desmontar viejos hábitos.

Mumbai (India)

¿Qué significa la transición ecológica para un coche? 

V. d’A. La transición ecológica aplicada al sector del automóvil es uno de los temas industriales más complejos. Implica tener en cuenta todo el ciclo de vida: la energía necesaria para la producción, el uso y el tratamiento al final de la vida útil. Cada componente —neumáticos, plásticos, semiconductores, metales, etc.— requiere materiales, tecnologías y conocimientos específicos. 

Lo que hace que el coche sea único es precisamente esa combinación de producción en serie y complejidad. Millones de unidades, cada una de las cuales incorpora decenas de materiales y tecnologías para cumplir con los requisitos de rendimiento, confort acústico, seguridad, etc. 

Ahí es donde reside tanto el reto como la oportunidad. Porque, si bien la complejidad es enorme, el efecto palanca lo es igualmente: reducir en un gramo de CO₂ la huella de un componente fabricado en varios millones de unidades supone un impacto medioambiental considerable. Cada mejora, por mínima que sea, se multiplica a escala industrial.

Desarrollo sostenible: ¿un obstáculo o un motor de competitividad? 

V. d’A. La respuesta es clara: es un motor. Porque cualquier reto que se plantee a la ingeniería obliga a buscar soluciones que antes no existían. La restricción ecológica no es una excepción: obliga a replantearse certezas, a explorar nuevas vías y a cuestionar hábitos arraigados desde hace décadas.

Estamos viviendo un periodo de gran auge tecnológico. Motores térmicos, eléctricos, híbridos enchufables, sistemas de ampliación de autonomía, nuevas generaciones de baterías… Nunca antes la variedad de soluciones había sido tan amplia… ni tan incierta. Todo acabará convergiendo. Pero quizá sea precisamente de este periodo de gran efervescencia, un tanto caótico, de donde surjan las ideas más inesperadas. El Twingo, con su pequeña batería y su gran autonomía, es un buen ejemplo de ello.

Este dinamismo también abre la puerta a formas de diferenciación que no hubiéramos imaginado hace unos años. Por ejemplo, utilizar redes de pesca recicladas para los revestimientos interiores no es una simple curiosidad: es una respuesta concreta a una necesidad real, que además crea una nueva estética y otra forma de presentar un vehículo.

En el fondo, la transición ecológica funciona como cualquier otra restricción importante: sacude, perturba y atrae a nuevos actores. La electrificación provocará cambios en el sector del automóvil. Y ya es así: una vez que se ha experimentado el silencio, la suavidad y la sencillez de un vehículo eléctrico, ningún usuario vuelve atrás.